Notas de la Pradera

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Si la uva esta hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan que somos. (de El libro de los abrazos de E. Galeano)
Updated: hace 10 años 36 semanas

realidad subjetiva

Mar, 05/09/2006 - 10:51

derramada en años de filosofía jamás plena
de cráteres abismales de sumisión y condena

¿porque quieres caer en ellos, sentir lo que ya es olvido?
y no escribir sobre lo blanco, lo terso, lo que es mejor,
bienvenido

describir un presente 100 veces, hasta que quede
a diario, a semanario, anuario, por siempreÂ…

sino deslizarse en toboganes de madura niñez
donde cuentan los minutos antes que termine el recreo
y la pura obligación, de la nota antes que el deseo

¿quien puede sino, escribirte versos?
que salen silenciosos
improvisados o cancerosos
incomprensibles de cotidiana vida,
incomprensibles si ya crees has pisado la flor
que suponías de ti, viva.

hotel antiguo

Sáb, 02/09/2006 - 12:36

Una mujer a solas se desnuda,
pared por medio, en el hotel antiguo
de esta ciudad remota donde duermo.

Abren las sedas un rumor disperso
que se mezcla al follaje
de los helechos en el aire.

Se oyen llaves que giran en un cofre,
jadeos ahogados, prendas,
la inocencia de gestos solitarios
que beben los espejos.

A su tiempo la noche se desnuda
y las calles apiladas se doblan
en un vasto ropaje
con la fatiga de un final de fiesta.

Una mujer a solas tras los muros,
unos pasos, un oscuro deseo,
hasta mí llega de otro mundo
como alguien que he amado y que me habla
desde un ataúd lleno de piedras.

de Eugenio Montejo

fronteras inútiles

Jue, 31/08/2006 - 11:51


un lugar
no digo un espacio
hablo de
qué

hablo de lo que no es
hablo de lo que conozco


no el tiempo
sólo todos los instantes
no el amor
no
sí
no

un lugar de ausencia
un hilo de miserable unión

de Alejandra Pizarnik

la casa

Mar, 29/08/2006 - 22:44

En la mujer, en lo profundo de su cuerpo
se construye la casa,
entre murmullos y silencios.
hay que acarrear sombras de piedras,
leves andamios,
imitar a las aves.
Especialmente cuando duerme
Y en el sueño sonríe
...nivelar hacia el fondo,
no despertarla,
seguir el declive de sus formas,
los movimientos de sus manos...

de Eugenio Montejo

gat/uno

Jue, 24/08/2006 - 12:48

me gustan los árboles, el cielo, el aire
encerrado por dentro, olvido
llenarme de brisas, aún cuando escriban
en mí, palacios de espuma y sonrisas

recostado en el tronco, fantaseo
añoranzas de jamás haber vivido,
atardeceres, amaneceres
y una hierba-buena que tampoco, sentido

que tan poco sentido

abrazado por las ramas
camino rumbos, nocturnos de maullido
tejados del alma y la prisa, hoy
pido rescate por gatos y casos perdidos.

sin juego

Vie, 18/08/2006 - 04:54

rozan apenas en mangas de camisa
torneando tripas, se escurren
sanguinolentas necedades
otra vez vino en su búsqueda
a llevar lo que siempre lleva
vida
roncan las piezas desgastadas
de la emoción y llantos
intermitentes de tortura
sonando cencerros se aleja
cargando a aquel portador ya
sin vida

noche de buenos aires

Lun, 14/08/2006 - 05:42

Siempre en ti fue el placer
compañero del dolor,
la dicha se hermanó a la pena.
Bajo el resplandecer
de tus luces de color,
el aire embriaga y envenena...

tango de Manuel Romero

bandoneon y pincel

Sáb, 12/08/2006 - 10:52

crear sobre lo creado... sobre lo creado sobre lo cread..

sótano

Vie, 11/08/2006 - 12:51

de café literario

Baar

Mié, 09/08/2006 - 11:37

espejo de El Hipopótamo

de corales

Mar, 08/08/2006 - 18:37

y aves marías

puerto madero

Lun, 07/08/2006 - 10:32

y las margaritas... y las margaritas...

Están locos

Sáb, 05/08/2006 - 12:45

En el avión, a mi lado, iba un sujeto joven con traje azul, corbata amarilla, mandíbula cuadrada y un teléfono móvil a través del que daba órdenes compulsivamente. Eran las ocho de la mañana y antes de que el aparato despegara había sacado de la cama a medio Madrid. No contento con eso, una vez que alcanzamos la altura de crucero comenzó a despertar a Barcelona, adonde nos dirigíamos. Cuando la azafata nos ofreció un café, yo ya estaba hecho polvo, a pesar de haber tomado un Pharmaton Complex antes de ir al aeropuerto. Él, sin embargo, continuaba despertando gente con un entusiasmo que resultaba aterrador.
A las ocho y media, telefoneó a casa y preguntó si su hijo seguía con fiebre. Debieron decirle que sí porque ordenó que le pusieran al pequeño un supositorio y a él un fax (no aclaró si por el mismo sitio) con las instrucciones del médico. Después de esta llamada se quedó mustio y dejó de telefonear. De todos modos permaneció con el aparato en la mano derecha, cerca de las ingles, manoseándolo con el gesto distraído con el que los niños se tocan el sexo recién descubierto. En esto, se dio cuenta de que le miraba y se puso rojo, como si le hubiera sorprendido haciendo algo feo. Me concentré en el periódico, para disimular.
Cuando llegamos a Barcelona y se vio en los pasillos de la terminal volvió a excitarse con la visión de las instalaciones aeroportuarias y recuperó la rigidez vertebral anterior. Antes de alcanzar la salida había realizado tres llamadas amenazadoras comunicando que acababa de aterrizar y que se dirigía al lugar de la reunión. Por mi parte, no llegué a pisar la calle: tomé el primer avión de vuelta y regresé al lado de un ejecutivo catalán que se disponía a conquistar Madrid con un móvil oscuro colocado entre las ingles, a modo de sexo inalámbrico. Cuando llegué a casa, me metí en la cama con una novela y hasta hoy. Están todos locos.

de Juan José Millás

Confusión

Sáb, 05/08/2006 - 11:53

Antes de que hubiera terminado de desenvolver el regalo de cumpleaños, sonó dentro del paquete un timbre, así que adiviné que era un móvil. Lo cogí y oí que mi mujer me felicitaba con una carcajada desde el teléfono del dormitorio. Esa noche, ella quiso que habláramos de la vida: los años que llevábamos juntos y todo eso. Pero se empeñó en que lo hiciéramos por teléfono, de manera que se fue al dormitorio y me llamó desde allí al cuarto de estar, donde permanecía yo con el móvil colocado en la cintura. Cuando acabamos la conversación, fui al dormitorio y la vi sentada en la cama, pensativa. Me dijo que acababa de hablar con su marido por teléfono y que estaba dudando si volver con él. Lo nuestro le producía culpa. Yo soy su único marido, así que interpreté aquello como una provocación sexual e hicimos el amor con la desesperación de dos adúlteros.

Al día siguiente, estaba en la oficina, tomándome el bocadillo de media mañana, cuando sonó el móvil. Era ella, claro. Dijo que prefería confesarme que tenía un amante. Yo le seguí la corriente porque me pareció que aquel juego nos venía bien a los dos, así que le contesté que no se preocupara: habíamos resuelto otras crisis y resolveríamos ésta también. Por la noche, volvimos a hablar por teléfono, como el día anterior, y me contó que dentro de un rato iba a encontrarse con su amante. Aquello me excitó mucho, así que colgué enseguida, fui al dormitorio e hicimos el amor hasta el amanecer.

Toda la semana fue igual. El sábado, por fin, cuando nos encontramos en el dormitorio después de la conversación telefónica habitual, me dijo que me quería pero que tenía que dejarme porque su marido la necesitaba más que yo. Dicho esto, cogió la puerta, se fue, y desde entonces, el móvil no ha vuelto a sonar. Estoy confundido.

(de Juan José Millás)

El móvil

Vie, 04/08/2006 - 22:11

El tipo que desayunaba a mi lado, en el bar, olvidó un teléfono celular debajo de la barra. Corrí tras él, pero cuando alcancé la calle había desaparecido. Di un par de vueltas con el aparato en la mano por los alrededores y finalmente lo guardé en el bolsillo y me metí en el ómnibus. A la altura de la calle Cartagena comenzó a sonar. Por mi gusto no habría descolgado, pero la gente me miraba, así que lo saqué con naturalidad y atendí la llamada. Una voz de mujer, del otro lado preguntó: "¿Donde estás?" "En el ómnibus", dije. "¿En el ómnibus? ¿Y qué haces en el ómnibus?" "Voy a la oficina". La mujer echó a llorar, como si hubiera dicho algo horrible, y colgó.
Guardé el aparato en el bolsillo de la chaqueta y perdí la mirada en el vacío. A la altura de María de Molina con Velásquez volvió a sonar. Era de nuevo la mujer. Aún lloraba. "Seguirás en el ómnibus ¿no?", dijo con voz incrédula. "Sí", respondí. Imaginé que hablaba desde una cama con las sábanas negras, de seda, y que ella vestía un camisón blanco, con encajes. Al enjugarse las lágrimas, se le deslizó el tirante del hombro derecho, y yo me excité mucho sin que nadie se diera cuenta. Una mujer tosió a mi lado. "¿Con quién estás?", preguntó angustiada. "Con nadie", dije."¿Y esa tos?""Es de una pasajera del ómnibus".Tras unos segundos añadió con voz firma: "Me voy a suicidar, si no me das alguna esperanza me mato ahora mismo". Miré a mi alrededor, todo el mundo estaba pendiente de mí, así que no sabía qué hacer. "Te quiero", dije y colgué.
Dos calles más allá sonó otra vez: "¿Eres tú el imbécil que anda jugando con mi celular?", preguntó una voz masculina. "Sí", dije tragando saliva. "¿Me lo vas a devolver?" "No", respondí. Al poco, lo dejaron sin línea, pero yo lo llevo siempre en el bolsillo por si ella volviera a telefonear.


de Juan José Millás

compañeros hasta

Vie, 04/08/2006 - 10:57

ni aun la muerte los separa

(momias en el museo historia nat. de La Plata)

urbanda

Jue, 03/08/2006 - 13:44

el jazz en la calle Florida

centro cultural recoleta

Mar, 01/08/2006 - 13:50

más del tire y pegue

entre ramas

Lun, 31/07/2006 - 11:01

cruces de la ciudad